Si alguna vez has sentido un dolor intenso que nace en el cuello o la espalda y se extiende hacia un brazo o una pierna, acompañado de hormigueo, sensación de descarga eléctrica o pérdida de fuerza, es posible que hayas experimentado un dolor radicular.
Es un problema frecuente que atendemos habitualmente en nuestra fisioterapia a domicilio en Málaga: provoca mucha alarma, pero en la gran mayoría de los casos tiene buen pronóstico cuando se diagnostica correctamente y se trata con evidencia científica como guía.
En este artículo te explicamos qué es exactamente el dolor radicular, por qué aparece, cómo reconocerlo y qué puede hacer la fisioterapia para ayudarte a recuperarte.
mejoran sin cirugía
semanas de recuperación habitual
el ejercicio, tratamiento de 1ª línea
¿Qué es el dolor radicular?
El dolor radicular es un tipo de dolor que aparece cuando una raíz nerviosa se irrita o se comprime en el punto en que sale de la columna vertebral.
Las raíces nerviosas funcionan como “cables eléctricos” que conectan la médula espinal con el resto del cuerpo. Cuando una de estas raíces se inflama o se comprime, el cerebro interpreta esa alteración como dolor, aunque el problema se origine en la columna. Por eso el dolor radicular suele irradiarse siguiendo el trayecto del nervio, no quedarse localizado en la espalda.
🔵 Dolor radicular cervical
Una raíz cervical comprimida provoca dolor que desciende hacia el hombro, el brazo o la mano.
🟢 Dolor radicular lumbar
Una raíz lumbar irritada genera dolor que se extiende por el glúteo, el muslo, la pierna e incluso el pie.
Causas del dolor radicular
La causa más conocida es la hernia discal, aunque no es la única. Las causas más frecuentes son:
- Hernia o protrusión discal: el núcleo del disco presiona la raíz nerviosa.
- Estenosis foraminal: estrechamiento del canal por donde sale el nervio, frecuente con la edad.
- Cambios degenerativos vertebrales: osteofitos que reducen el espacio radicular.
- Inflamación de la raíz nerviosa: sin compresión evidente pero con irritación química del nervio.
- Traumatismos: con menor frecuencia, fracturas o lesiones importantes tratadas por fisioterapia traumatológica.
La evidencia actual apunta a que el dolor radicular suele ser el resultado de una combinación de tres factores: compresión mecánica del nervio, inflamación química de la raíz nerviosa y sensibilización del sistema nervioso central. Esta combinación explica por qué algunas personas sienten un dolor muy intenso con una hernia pequeña, mientras que otras apenas presentan síntomas ante cambios importantes en las imágenes.
Síntomas del dolor radicular: cómo reconocerlo
Síntomas habituales
El dolor radicular suele:
- Irradiarse siguiendo un recorrido específico (brazo, pierna, pie).
- Tener una calidad punzante, eléctrica o en forma de descarga.
- Aumentar al toser, estornudar o realizar ciertos movimientos de la columna.
- Acompañarse de hormigueos o entumecimiento en la zona de distribución del nervio.
Síntomas que pueden aparecer en casos más avanzados
- Pérdida de fuerza muscular en brazo o pierna.
- Disminución de reflejos osteotendinosos.
- Reducción de la sensibilidad en zonas concretas.
- Pérdida significativa de fuerza en brazo o pierna de aparición rápida.
- Pérdida de control sobre la vejiga o el intestino (incontinencia o retención).
- Pérdida de sensibilidad en la zona genital o perianal (anestesia en silla de montar).
Estos síntomas pueden indicar una afectación neurológica grave que requiere valoración médica urgente.
Dolor radicular vs. ciática: ¿son lo mismo?
No exactamente. “Ciática” se usa popularmente para describir cualquier dolor que baja por la pierna, pero desde el punto de vista médico hace referencia al dolor relacionado específicamente con el nervio ciático.
Sin embargo, no todo dolor que irradia hacia la pierna es un dolor radicular. Lesiones musculares (como el síndrome del piriforme), articulares o de tejidos blandos pueden producir un dolor referido muy similar aunque el nervio esté completamente sano. Por eso una valoración por parte de un fisioterapeuta es imprescindible para identificar el verdadero origen del problema.
Cómo se diagnostica el dolor radicular
El diagnóstico se basa fundamentalmente en la historia clínica y la exploración física. En nuestra valoración como fisioterapeutas analizamos:
- Localización e irradiación del dolor.
- Comportamiento con el movimiento y los esfuerzos.
- Presencia y distribución de alteraciones sensitivas.
- Fuerza muscular segmentaria.
- Reflejos osteotendinosos.
- Pruebas ortopédicas específicas (Lasègue, Spurling, entre otras).
Las pruebas de imagen son útiles cuando los síntomas persisten más de 6 semanas, cuando aparecen signos neurológicos progresivos o cuando se valora una intervención quirúrgica. Sus resultados siempre deben interpretarse junto a la exploración clínica.
Tratamiento del dolor radicular con fisioterapia
Durante años se recomendaba reposo casi absoluto ante un dolor radicular. Hoy la evidencia científica muestra claramente que esa estrategia retrasa la recuperación. El tratamiento activo, guiado por un fisioterapeuta, es el enfoque que mejores resultados ofrece.
📚 Educación terapéutica
Comprender qué ocurre reduce el miedo al movimiento. Saber que el dolor intenso no equivale a daño grave ayuda a recuperar la confianza y la actividad.
🏋️ Ejercicio terapéutico
Pilar fundamental: movilidad de columna, fortalecimiento, control motor, ejercicio aeróbico y neurodinámia cuando está indicada.
🖐️ Terapia manual
Movilizaciones articulares y trabajo de tejidos blandos para reducir el dolor y mejorar la movilidad, siempre dentro de un abordaje activo.
📈 Reincorporación progresiva
Volver gradualmente al trabajo, el deporte y la vida diaria respetando los síntomas y evitando el miedo al movimiento.
Nuestro servicio de fisioterapia activa en Málaga está específicamente orientado a este tipo de abordaje: ejercicio terapéutico adaptado a cada persona para recuperar la función y prevenir la cronificación del dolor.
¿Cuánto tarda en mejorar el dolor radicular?
La buena noticia es que la mayoría de los episodios evolucionan favorablemente. Muchas personas experimentan una mejoría significativa entre las 6 y las 12 primeras semanas, incluso cuando existe una hernia discal confirmada.
La velocidad de recuperación depende de: la intensidad de la irritación nerviosa y el tiempo de evolución, el estado físico y nivel de actividad previo, la presencia de factores psicosociales como el miedo al dolor o el estrés laboral, y la adherencia al programa de ejercicio terapéutico. Cada persona tiene su propio ritmo.
¿Se puede prevenir el dolor radicular?
No existe una forma de prevenir todos los casos, pero sí podemos reducir el riesgo manteniendo una columna fuerte y un sistema musculoesquelético saludable:
- Actividad física regular: caminar, nadar, ciclismo, etc.
- Ejercicios de fuerza al menos 2 veces por semana.
- Evitar largos periodos de inactividad, tanto en el trabajo como en el descanso.
- Dormir bien en una postura que no aumente la carga sobre las raíces nerviosas.
- Mantener un peso saludable para reducir la carga sobre los discos intervertebrales.
- Gestión del estrés: el estrés sostenido aumenta la sensibilidad al dolor y es un factor de riesgo reconocido.
Más que buscar una postura “perfecta”, lo realmente beneficioso es moverse con frecuencia y variar las posiciones a lo largo del día.
Preguntas frecuentes sobre el dolor radicular
No. Aunque la hernia discal es una causa frecuente, el dolor radicular también puede originarse por estenosis foraminal, cambios degenerativos, inflamación de la raíz nerviosa o, con menos frecuencia, traumatismos. El diagnóstico debe realizarse mediante exploración clínica, no solo con pruebas de imagen.
La mayoría de los episodios mejoran significativamente entre las 6 y 12 semanas. Sin embargo, este plazo varía según la causa, la intensidad de la irritación nerviosa, el nivel de actividad y factores individuales como el estrés o el miedo al movimiento.
En la mayoría de los casos no. La cirugía se reserva para situaciones en las que existe una afectación neurológica progresiva o cuando el tratamiento conservador bien realizado no ha dado resultados tras varios meses. La fisioterapia y el ejercicio terapéutico son el tratamiento de primera línea según las guías clínicas internacionales.
Sí, en la mayoría de los casos mantenerse activo favorece la recuperación. La clave está en adaptar el tipo y la intensidad del ejercicio a tu situación, con la orientación de un fisioterapeuta. El reposo prolongado suele retrasar la mejoría.
Sí. La fisioterapia a domicilio es especialmente útil en fases agudas en las que el desplazamiento resulta muy doloroso. La valoración y el programa de ejercicio terapéutico se diseñan directamente en el entorno del paciente, lo que facilita también la adaptación postural y ergonómica.
Servicios que pueden ayudarte
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Referencias bibliográficas
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La información de este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración o el diagnóstico de un profesional sanitario. Si presentas síntomas neurológicos graves o de aparición súbita, consulta con tu médico de forma urgente.

